Enfrentamiento Rusia-EEUU

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En días recientes la confrontación Washington-Moscú ha trascendido a los medios de comunicaciones mediante una serie de prohibiciones de ambas partes, que pone en difícil circunstancias el flujo informativo entre ambos países e incluso entre ambos hemisferios y hace que suene la señal de peligro para los profesionales de este sector. Como siempre, Estados Unidos conduce acciones y Rusia responde bajo el principio de reciprocidad.

Primero, en el aspecto diplomático con la reducción de personal en las embajadas y ahora con medios de prensa. Como ya se sabe, el Congreso retiró las credenciales de RT (Russia Today) y lo obligó a registrarse como agente extranjero; ante esto el Kremlin respondió con la supresión de 9 medios, entre ellos La Voz de América, el cual es el servicio de radio y televisión del Gobierno norteamericano.

El hecho de ser catalogado como agente extranjero, es una cualidad jurídica que ofrece los Estados Unidos a aquellos entes que operan en interés de un gobierno externo, tiene que ver con el espionaje y la propaganda enemiga, solo que este tiene un trato más flexible, a pesar de que tiene que someterse a una serie de cuestionamiento judiciales, como ofrecer información limitada o sensible.

Aparte de esto, ninguna de las empresas de información y noticias pueden acceder a los respectivos parlamento en ocasión de cubrir alguna cobertura, o sea, no pueden cumplir con las funciones por las que fueron creadas, que es informar.

En caso de violación a las condiciones impuestas por ambas potencias, el final puede ser cárcel, multa, enfriamiento de fondos y hasta la expulsión de los respectivos territorios. Evidentemente, estas son medida hostiles y desgastada, nuevamente Estados Unidos rememora los tiempo de la Guerra Fría, e incluso mucho más, pues la ley que regula lo referente al “agente extranjero” data de la década de 30, usada para contrarrestar la propaganda NAZI. Rusia por su parte aprobó la ley, con el fin de responder con fuerza a su parte rival.

A todas estas, se pone en duda la tantas veces citada libertad de expresión, esa de que tanto presumen los estadounidenses y fundamentalmente sus gobernantes, al fin y al cabo es demagogia, hipocresía y proselitismo, nada más que eso.

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